Es curioso como, a pesar de seres emocionales y sensitivos, a la hora de tomar decisiones nos dejamos llevar por la parte más lógica y racional de nuestra mente ¿verdad?

Empezamos a desvariar sobre papel anotando todas las opciones posibles, las que parecen más viables y las alternativas que tenemos si la opción escogida resulta un fracaso. Y eso, tener todo tan controlado milimétricamente, nos hace sentir esa ilusoria sensación de seguridad.

Sí, ilusoria. Porque si cedemos nuestro poder a la lógica analítica y 100% racional y la opción escogida sale mal, dependiendo de tu forma de procesar el fracaso, puedes desmotivarte, frustrarte o mandarlo todo al carajo y abandonar tus sueños.

¿Te das cuenta de lo importante que es conectar con esa parte de ti que intuye por naturaleza qué es lo mejor?

  • Algunos decidimos guiados por nuestras emociones.
  • Otros por ese pellizco en el estómago.
  • Otros por la sensación de bienestar que sienten al pensar en los resultados.
  • Y unos pocos lo ven como una certeza y saben que es lo que quieren, aunque todo esté en su contra.

¿Alguna vez has sentido un cúmulo tal de emociones a la hora de tomar una decisión que has sido incapaz de procesarlas y te ha sobrepasado hasta el punto de hacer lo primero que te salía fracasando estrepitosamente? Y al día siguiente, con más calma, después de esa ola emocional… ¡sorpresa! la solución aparece ante ti de forma tan clara que apenas te lo crees, pero ya es tarde.

¿O tal vez sientes que desde tus entrañas surge una especie de voz gutural que te indica qué te apetece hacer y qué no en base a lo que sabes del tema pero piensas que estás loca si decides haciendo caso a tus tripas, cedes el poder de decidir a tu mente lógica y te sale un churro? Y entonces piensas que si hubieras hecho caso a esos ruiditos… tal vez el resultado sería diferente.

O puede que cuándo te preguntan si te apetece hacer algo, sientas una sensación de bienestar tan sorprendente que te paralice y te haga sentir como una loca si te dejas guiar por ella… que poco caso hacemos a nuestro cuerpo ¿verdad? Nos han vendido muy bien que la mente es la única fuente de autoridad válida que tenemos.

Incluso puede que la intuición sea tu arma secreta. Algunas personas piensan en qué quieren, lo sienten como suyo, despliegan su gran fuerza de voluntad y lo consiguen sí o sí, contra viento y marea. Aunque los que le rodean traten de limitarte y pararle con la intención positiva de protegerle. Y es que esos que le rodean no tienen esa fuerza de voluntad que les permitiría conseguirlo también a ellos.

Y lo más curioso es que existiendo 4 formas de tomar decisiones alineadas con nuestra esencia… ¿por qué nos enseñan solo una? ¿la más analítica y racional? ¿la más alejada de nuestro centro, del lugar dónde esperan nuestros dones y talentos para ser descubiertos? Tal vez porque la autoridad mental es la que nos hace vivir dentro del sistema como borreguitos… pero ese es otro tema.

Lo que hoy interesa es ¿cómo aprender a tomar decisiones alineadas con tu yo esencial?

  • Piensa en las veces que tus decisiones fueron acertadas y obtuviste los resultados que deseabas.
  • Recuerda qué sentiste cuándo tomaste esa decisión ¿una oleada de emociones? ¿mariposas en el estómago y ruiditos? ¿sensación de bienestar? ¿la total seguridad de que eso era para ti?

 

Si sentiste la oleada, eres emocional. Tus emociones son un indicador claro de lo que es mejor para ti pero… necesitas esperar a que pase la tempestad, reflexionar sobre todo lo que has sentido y quedarte con la opción que te aporte mayor tranquilidad.

Si sentiste las mariposas, eres visceral. Decides desde tus vísceras. Tu sacro es tu centro de mando desde dónde surgen esas sensaciones y ruidos que a veces te indican lo que te conviene y lo que no. Si aprendes a escucharlo antes de decidir, como ya has hecho otras veces, estarás más cerca de cumplir tus sueños.

Si sentiste una extraña sensación de bienestar, tu centro de autoridad se sitúa en el bazo. Desde ese lugar tomamos decisiones que afectan a nuestro bienestar físico, son sensaciones que nos inundan e impulsan a mejorar nuestra calidad de vida aquí y ahora.

Si sentiste la certeza absoluta de que eso era lo que querías y fuiste a por ello sin más, tu fuerza de voluntad nace del EGO que, en este caso, representa al corazón y tu maravillosa capacidad de intuir qué es lo mejor para ti en base a lo que crees merecer y ser capaz de alcanzar.

Emociones, vísceras, sensaciones y certezas. Que variado ¿verdad? Pues aún así, nos siguen contando el cuento de que para tomar decisiones acertadas tenemos que confiar en los datos que proceden de nuestros análisis lógicos de las circunstancias que nos rodean.

Que sí, analizar el entorno y las posibilidades es una gran herramienta que puede aportar seguridad y confianza a la hora de pasar a la acción. Pero dime tú a mí, que soy emocional, en plena oleada que tengo que ponerme a analizar las probabilidades de fracaso y posibles alternativas por si sale mal… verás lo que te sucede.

En todo caso, déjame que sienta mis emociones, las evalúe conscientemente, reflexione sobre todas las posibilidades que surjan en mí y mañana, si eso, después de consultarlo con la almohada, me das los consejos que quieras para ayudarme a tomar la decisión más acertada.

Ahora, no te lo tomes como algo personal si ves que ahora tengo las cosas mucho más claras y tus opiniones no me afectan, aunque te las agradezco porque demuestran hasta qué punto te preocupas por mi bienestar.

Que importante es conectar con tu esencia, con tu centro de mando interno, para aprender a decidir según tu fórmula personal con seguridad y confianza hasta el punto de que las creencias limitantes que proceden del exterior no te afecten ¿verdad? Pues tú también tienes ese poder, ahí dentro, esperando que lo descubras y empieces a utilizarlo de forma consciente para integrarlo por completo a tu vida.

Recuerda que si quieres que aprendamos a hacerlo juntas, puedes pasarte por mi Círculo Mujer en Equilibrio. Estaré encantada de ayudarte de una forma mucho más personal a trazar esos objetivos alineados con tu misión de vida y llevarlos a cabo de la forma más correcta para ti. Estás aquí para brillar, pero con tu propia luz única. ¿A qué esperas para encenderla?

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