Decidir. Una palabra sencilla ¿verdad? Al menos en apariencia… pero que si rascamos un poco nos hace viajar hacia adentro, hasta llegar al epicentro de nuestro centro de mando. Porque cada decisión que tomamos, sea de forma consciente o inconsciente, influye en la realidad y el mundo que nos rodea. Es una gran responsabilidad como para tomar decisiones a la ligera ¿no crees?

Y el miedo a equivocarse, a decidir y cometer un error… siempre está ahí. El miedo, a fin de cuentas, es una alarma natural que nos avisa de cambios en nuestra vida. Y casi todos tenemos miedo no solo a equivocarnos, sino a que ocurran cambios importantes que nos saquen fuera de esa zona conocida que, aunque a veces no nos gusta, es la que conocemos y sentimos que controlamos. Detrás del miedo, se esconde nuestra inseguridad.

Y ¿qué hacer para tomar decisiones correctas? Escucharte. Así de sencillo y complicado. Mirar hacia adentro, observar qué sientes y piensas ante las posibles opciones sobre las que reflexionas. En la anterior entrada hablamos sobre los centros de autoridad a la hora de decidir, puedes refrescar la lectura pinchando en este enlace. Conocer tu centro de autoridad te ayudará a saber qué es exactamente lo que tienes que observar pero… eso es solo el principio.

Tal vez te resulte más sencillo de comprender si hablamos de integridad. Todo el mundo habla de integridad a la hora de actuar pero ¿sabes qué es realmente ser una persona íntegra? sentir, pensar y hacer lo mismo. Porque si sientes y piensas una cosa, pero haces justo lo contrario… ¿crees que eres digna de confianza? Hay que predicar con el ejemplo, sobre todo cuándo ejerces de guía y orientadora para otras personas. Si recomiendas hacer blanco y tú haces negro ¿de verdad piensas que esas personas pondrán en tus manos su crecimiento?

Para ser íntegra y ejemplo de integridad, tienes que observarte, escucharte y actuar en consecuencia. No puedes dejar en manos del azar las decisiones que tomas ni confiar en tu buena suerte. Así seguirás funcionando en piloto automático, cediendo el poder de crear tu realidad a personas y circunstancias externas. Además, actuando así es muy sencillo caer en el papel de víctima de la sociedad y regodearte en la mala suerte que tienes… aunque lo que te esté pasando lo hayas ocasionado tú por el simple hecho de no decidir de forma consciente.

Pero entonces ¿cómo hacerlo?

  • Escribe el tema que te ocupa y las posibles opciones disponibles para solucionarlo.
  • Reflexiona sobre las consecuencias de llevar a cabo cada una de esas opciones.
  • Observa que sientes, qué emociones se despiertan en ti al reflexionar sobre cada alternativa. Aquí puedes tener en cuenta tu centro de autoridad interna.
  • Escucha los pensamientos que nacen en tu mente y qué emociones despiertan. Recuerda que cuándo un pensamiento se ve afectado por una emoción, nacen los sentimientos y empieza a moverse la energía. Si te dejas enredar mucho por ese pensamiento, estás empezando a mover hilos para manifestarlo, para bien o para mal, en tu realidad.
  • Y, por último, en base a esas alternativas que has observado, escuchado y sentido… decide de forma consciente cuál es tu mejor opción.

¿Puede salir mal? Por supuesto ¿Es posible que te equivoques? ¡Pues claro! Somos humanos, equivocarnos forma parte de nuestro proceso de aprendizaje. Pero, al menos, si te equivocas al decidir de forma consciente, sentirás que tú tienes el poder de decidir qué haces con tu vida y sentirás la seguridad suficiente para buscar una nueva solución porque la responsabilidad sabes que es tuya, no de circunstancias externas o terceras personas.

Tomando decisiones desde tu integridad, la inseguridad desaparecerá poco a poco y, junto a ella, el miedo a equivocarte y ser una víctima de la sociedad y las circunstancias que te rodean.

Esto no va de acertar siempre, sino de tomar decisiones alineadas con nuestros principios y valores que nos ayuden a ser cada vez más auténticas, genuinas y conscientes de la gran capacidad de acción que escondemos dentro de nosotras esperando a que tomemos las riendas de nuestra vida. ¿Te animas a intentarlo? Cuándo lo hagas, recuerda pasar por aquí y compartir conmigo tu experiencia. ¡Seguro que aprendemos mucho una de la otra!

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